Hacían cola Cherki, Dias, Rodri, Semenyo y media plantilla para abrazarse a Erling Haaland, autor del penalti que adelantó al Manchester City en el minuto 93 de un partido estrepitoso. La felicidad los arrebataba, sobre todo al noruego, vociferante, desmelenado, alzando el puño ante la hinchada citizen congregada en el fondo visitante de Anfield. Quedaban 13 jornadas por disputar en la Premier. “Una eternidad”, según Guardiola. Dio igual. Sus jugadores celebraron la victoria ante el Liverpool con la vehemencia con que se festejan los triunfos decisivos. El 1-2 de Haaland puso fin a cinco visitas estériles al campo del gran adversario de la década después de remontar en los últimos minutos un 1-0 que habría dejado al City prácticamente fuera de la carrera por alcanzar al Arsenal. Ahora, tras el paso por el desfiladero y con el Arsenal todavía a seis puntos de distancia, el City se siente fortalecido para proseguir una persecución desesperada.