
Se retiró del baloncesto profesional a los 31 años cuando su cabeza dijo basta. Álex Abrines dejó la canasta el pasado verano y apenas ha vuelto a botar un balón. Atrás quedó una carrera exitosa en la que ganó tres Ligas y tres Copas con el Barcelona y un bronce europeo y otro olímpico con la selección, además de la experiencia de jugar tres temporadas en la NBA con Oklahoma. También la prueba de superar una depresión que le llevó a odiar lo que tanto había amado. Hoy, a los 32 años, quien fuera un alero de excelente tiro es un papá que lleva a sus niñas al colegio y ocupa sus ratos libres jugando al golf.

