En el empate a un tanto entre Sevilla y Girona hubo una jugada que marcó el final del encuentro, no sólo por la resolución de la pena máxima que se señaló en el minuto 98, si no por la forma de llevarla a cabo. Nada más señalarse el penalti a favor del conjunto catalán, Míchel llevó a cabo una sustitución con la idea de que el jugador que saltaba al terreno de juego, Stuani, fuera el lanzador del penalti. Y así fue, salvo que el final no fue el esperado ya que el portero sevillista detuvo el penalti. En rueda de prensa el técnico del Girona fue preguntado por este aspecto y no se escondió ni mostró arrepentimiento, "no me arrepiento, no he puesto a Stuanipporque no tuviera confianza en otro jugador, porque el jugador al que tengo más confianza en chutar un penalti es él".