Aunque parezca sorprendente, la lucha de clases es inevitable también en la burbuja igualitaria de una Villa Olímpica con malas conexiones de internet, refugio de deportistas sanos y amigos, y en deportes tan alejados supuestamente del glamour y el famoseo como el salto de esquí, refugio efímero de jóvenes con alma de pájaro con un cerebro sediento de adrenalina y miedo. De allí surge el ya millonario Ryoyu Kobayashi, con su patrocinador alado, quien como las estrellas de cine o del béisbol, y como los más grandes, no puede pasear por las calles de Japón sin ser acosado.