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El análisis de Josu Uribe tras el partido del Sporting ante el Leganés: la exigencia no se negocia

Jornada 28 de LaLiga Hypermotion en El Molinón con la visita del CD Leganés, en un partido marcado por el aplazamiento al lunes tras el fallecimiento de un aficionado en la grada el pasado domingo. El fútbol queda en un segundo plano ante circunstancias tan dolorosas. Desde aquí, un abrazo muy fuerte para la familia de Tanti Rodríguez.

En lo estrictamente deportivo, el CD Leganés fue posiblemente el peor equipo que ha pasado por El Molinón esta temporada. Un conjunto recién descendido, con un límite salarial elevado y una plantilla con mayoría de jugadores con experiencia en Primera División, dejó una imagen muy pobre tanto con balón como sin balón. Solo la falta de eficacia del Real Sporting de Gijón y algunas decisiones arbitrales controvertidas le dieron la opción de llevarse un punto.

El Leganés se estructuró en un 1-4-3-3, con línea de cuatro defensores, tres centrocampistas —Diawara en labores de contención, Dani Raba y Óscar Plano en la organización ofensiva y transiciones—, dos extremos puros como Naim y Juan Cruz, y Asue como referencia ofensiva.

Por su parte, el Sporting mantuvo su estructura habitual, con la novedad de Diego Sánchez en el lateral izquierdo. El mando del equipo recayó en Manu Rodríguez y Álex Corredera, con Gelabert en su hábitat natural, actuando entre líneas por detrás del punta. En bandas, Gaspar y Dubasin, con Otero como referencia.

Desde el inicio, el equipo rojiblanco impuso un ritmo alto, con presión adelantada y dominio interior, buscando posteriormente amplitud por fuera. Enfrente, un conjunto pepinero desaparecido en ataque, replegado en su campo, defendiendo por acumulación y sin conceptos claros. Su incapacidad para transitar o generar peligro fue evidente.

Cuando se asocian Gelabert, Otero y Dubasin, junto al criterio de Corredera y las incorporaciones de Guille Rosas, el Sporting demuestra un enorme potencial. Sin embargo, al equipo le cuesta dominar las dos áreas, y en el fútbol profesional eso es determinante.

Los errores en área propia y la falta de acierto en la contraria han impedido al Sporting estar más arriba en la clasificación. Porque el fútbol, al final, se decide en las áreas.

El nivel del arbitraje español en LaLiga Hypermotion volvió a quedar señalado. Lo ocurrido el lunes en El Molinón deja una sensación preocupante sobre el sistema arbitral, tanto en el campo como en los despachos.

En la segunda parte el guion fue idéntico: dominio local, rival hundido y dificultades para transformar la superioridad en goles. El Leganés apenas cruzó el centro del campo y Yáñez fue un espectador más. Solo la falta de acierto rojiblanca y el gran rendimiento del portero Juan Soriano evitaron la victoria local.

Entre los aspectos individuales, preocupa la versión de Dubasin, pieza clave en la estructura ofensiva y actualmente lejos de su mejor nivel. Trabajo importante para el cuerpo técnico en recuperar al futbolista.

Otro punto táctico relevante fue la entrada de Ferrari como segundo delantero junto a Otero. Esto desplazó a Gelabert a banda derecha e introdujo a Bernal, sin ritmo competitivo, en el doble pivote. Si el equipo necesita arrebato, quizá la fórmula pase por Gelabert y Corredera en el doble pivote, dos puntas claros y amplitud real en bandas, especialmente ante rivales tan conservadores como el Leganés.

El fútbol no vive de sensaciones, sino de resultados. Dos empates consecutivos en casa en LaLiga Hypermotion ante equipos descendidos de Primera pero de bajo nivel competitivo no es el camino adecuado.

Al Real Sporting de Gijón hay que exigirle más: por presupuesto, por plantilla, por historia y por afición. No valen objetivos intermedios. Este club acumula casi cincuenta temporadas en Primera División y esa historia obliga a competir mirando hacia arriba.

Próxima parada: Andorra, que viene de marcar cuatro goles al Córdoba. Un equipo capaz de lo mejor y lo peor, con buen manejo de balón pero vulnerable en transición. El Sporting deberá hacer daño, marcar goles y transformar dominio en victorias. Porque en un club histórico, la exigencia no se negocia.

Cosas de fútbol.

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