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Sudamérica: de espectadora a ruta clave del petróleo mundial

La crisis en Medio Oriente reordena el comercio petrolero y Sudamérica queda en el centro del tablero. Según un análisis atribuido a la reconocida consultora Kpler, el mercado global de crudo registra un déficit de entre 1 y 2 millones de barriles diarios. Los faltantes más sensibles se concentran en los crudos medianos y pesados.

Esa escasez valoriza los barriles sudamericanos. Los de Guyana, cuya producción vuelve a acelerar con nuevas unidades flotantes, se han vuelto de los pocos sustitutos disponibles. Venezuela gana relevancia como fuente de crudo pesado, aunque duplicar su producción de 1 a 2 millones de barriles diarios exigiría unos 100.000 millones de dólares y hasta dos años de reparaciones.

Argentina avanza en sentido contrario al de Brasil. Vaca Muerta superaría 1 millón de barriles diarios cuando el nuevo oleoducto de YPF entre en operación, a fines de 2026 o comienzos de 2027, y una porción creciente de ese crudo liviano viaja hoy a Asia y no a EEUU. Brasil, en cambio, estabiliza su producción, y un recorte temporal del 12% en su impuesto de exportación a la Unión Europea, equivalente a entre 4 y 5 dólares por barril, desvió cargamentos de China a Europa.

Los derivados en la mira

El diésel es el punto más expuesto. La región importa más de 1 millón de barriles diarios y más del 85% proviene de la costa estadounidense del Golfo, tras la salida de Rusia como proveedor. Una prohibición total de exportaciones en EEUU, que el análisis considera improbable pero todavía en discusión, sería la mayor amenaza. A eso se suma la sequía en el Canal de Panamá, que encarece el corredor de 300 a 400.000 barriles diarios hacia la costa oeste, y unos fletes en niveles récord por la duplicación de buques que exige la ruta alternativa saudí.

El etanol alivia parte de la presión sobre la gasolina. Brasil elevó su mezcla obligatoria de 27% a 32%, con techo legal de 35%. Guatemala introdujo el E10 en julio, Panamá pasó del E5 al E10 y Chile redacta su primera propuesta de mezcla.

Bolivia en la tormenta

En ese panorama, Bolivia aparece en una posición frágil. Los países vecinos amplían la oferta con nuevos yacimientos, mezclas de biocombustibles y proveedores alternativos. En contraste, el país enfrenta la merma de sus reservas de gas y petróleo, y con ella la caída de su capacidad de producción propia. Debe cubrir la diferencia importando diésel y gasolina en un mercado regional más tenso y más caro. La escasez de combustibles ya golpea al transporte y al agro y las divisas son limitadas para pagar las compras. Para Bolivia, la crisis que convierte a Sudamérica en ruta petrolera mundial llega sin barriles propios que ofrecer.

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Fuente original: larazon.bo →