Suceden de vez en cuando, pero lo importante es cómo reaccionas. Con esta frase, Hansi Flick despachó ayer el 4-0 del Metropolitano. Sin dramas, sin incendios y, sobre todo, sin excusas. El técnico alemán sabe que en el Barça un revolcón así escuece, pero su receta es pragmatismo puro: menos lamentos y más fútbol. Para Flick, el desastre en Copa es un accidente que solo se cura con una respuesta inmediata hoy en Montilivi. Lo mejor de Flick ayer fue su ejercicio de liderazgo. Mientras el club enviaba quejas formales a la Federación por el expediente X del VAR con Cubarsí, él cerró la carpeta de golpe: No fue culpa del árbitro que perdiéramos. Es una lección de madurez necesaria. Al quitarle al vestuario la manta del victimismo, Flick les obliga a mirarse al espejo. Si el Barça cayó con estrépito, no fue por los siete minutos de deliberación de Martínez Munuera, sino por no estar a la altura física y mental que exigía el guion.
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