La regla de los 65 partidos se pensó como un antídoto contra el 'load management' (evitar que los jugadores descansen en partidos poco trascendentales), pero en la práctica se ha convertido en un filtro que amenaza con reescribir la historia de los premios. Ahora mismo, en plena carrera de premios como el MVP o el DPOY, no solo cuenta dominar. Cuenta sobrevivir al calendario y, sobre todo, llegar al mínimo exigido.
La norma
La norma de los 65 partidos (aprobada en el nuevo CBA y aplicada desde la temporada 2023-24) establece que un jugador debe disputar al menos 65 partidos de temporada regular para ser elegible a la mayoría de premios de final de temporada, como MVP, DPOY y también para entrar en el All-NBA Team. Para que un partido cuente, en general el jugador debe estar en pista mínimo 20 minutos, aunque hay excepciones limitadas por lesión (por ejemplo, hasta dos partidos pueden contar con 15–19 minutos si salió lesionado, y existe una excepción específica en casos muy concretos de lesión que “termina la temporada”). En la práctica, la regla busca que los galardones premien temporadas con presencia y continuidad, y puede dejar fuera de la carrera por estos premios a estrellas que no alcancen ese umbral por lesiones o gestión de descanso.
Contador y zona roja
El problema es que la conversación de premios ya va con contador al lado del nombre. En la zona roja están por ejemplo jugadores como Nikola Jokic (le queda 1 partido para no ser elegible para los premios), tres veces MVP, al que cualquier ausencia extra le puede sacar de la carrera aunque su temporada sea de MVP. También camina con margen estrecho Victor Wembanyama (le quedan 3), precisamente el gran favorito a DPOY en muchas quinielas. Y el caso que más simboliza la paradoja moderna es Luka Doncic (le quedan 4), porque su candidatura vive arriba, pero su elegibilidad depende de no encadenar una mala semana física.
En esa misma cuerda floja aparecen nombres que, por perfil, siempre orbitan los equipos All NBA. Kawhi Leonard (le quedan 4) es el ejemplo clásico de cómo una regla creada para frenar descansos estratégicos acaba convirtiéndose en un dilema médico semanal. Anthony Edwards (le quedan 6) también entra en el radar por acumulación de ausencias, aunque todavía con aire. Y Jaylen Brown (le quedan 11) se mantiene en una zona relativamente segura, pero ya en una liga donde “estar” suma más que nunca.
MVP y disponibilidad
La historia se vuelve todavía más incómoda cuando miras la narrativa oficial del MVP. Shai Gilgeous Alexander, quien lidera la lucha por el MVP de esta temporada, vive con el aviso del mínimo. SGA está a solo 7 partidos de no poder revalidar el título de mejor jugador de la temporada.
Por contraste, hay candidatos que crecen precisamente porque no han jugado con fuego. Cade Cunningham (le quedan 11) es el ejemplo perfecto de cómo la norma puede impulsar al más disponible entre los dominantes. Y Jalen Brunson (le quedan 9) se mantiene en el vagón de perseguidores con margen suficiente como para que la conversación se centre en rendimiento y no en calculadora.
Ya no elegibles
La otra cara del debate es la de los que ya ni siquiera pueden presentarse al examen. LeBron James (ya no es elegible) y Stephen Curry (ya no es elegible) representan el choque frontal entre la épica del nombre y la frialdad del umbral. Y Giannis Antetokounmpo (ya no es elegible) completa la frase que más daño hace al relato reciente, porque entre los MVP de los últimos años la regla ya está dejando a varios en riesgo o directamente fuera: Jokic al límite, Shai vigilado, Giannis fuera. La lista de “fuera por contador” se agranda con Ja Morant (ya no es elegible). Con Giannis fuera, Jokic al borde del KO y Shai pendiendo de un hilo, el MVP podría volver a ser para un jugador estadounidense ocho años después.
Cierre y alternativas
Si la NBA quería que la regular season importara, lo ha conseguido. El riesgo es que, en lugar de premiar al mejor jugador del año, termine premiando al mejor jugador que haya podido cumplir el mínimo. Y eso abre la discusión de las alternativas o buscar soluciones al que puede ser un problema en los próximos años visto el auge de las lesiones en los jugadores.
Hay salidas sin volar el espíritu original. Una sería ampliar y clarificar excepciones médicas verificadas, para no tratar igual una lesión real que una gestión de cargas. Otra, introducir un sistema híbrido que combine volumen total y rendimiento por partido, de forma que una ausencia más no sea un hachazo automático. Y una tercera, separar el concepto, crear un reconocimiento específico a la durabilidad y la disponibilidad sin convertir ese factor en un filtro común que decide todos los premios.