Desde que el Real Zaragoza se planteó como objetivo prioritario que Txema Indias ocupara el puesto de director deportivo que Juan Carlos Cordero había dejado vacío tras su destitución en marzo de 2025, hasta que la SAD logró que el ejecutivo vasco estampara su firma en un contrato trascurrieron varios meses, largos días de negociaciones y un sinfín de llamadas. El club tuvo que invertir mucho tiempo y una alta capacidad de sugestión para seducirlo y que se convirtiera en el nuevo guía deportivo del equipo.
El currículum de Indias admitía pocas dudas. Venía de trabajar durante diez temporadas en el Leganés, con el que consiguió dos meritorios ascensos a Primera División en temporadas muy distantes (2015-2016 y 2023-2024) con varias permanencias consecutivas en la élite en el primer caso y una decimotercera plaza como mejor clasificación. Un puesto de mérito con un presupuesto realmente modesto.
Es decir, el Real Zaragoza apostó por un director deportivo con un amplio conocimiento de la categoría, veterano, experto. Eso sí, cuando llegó se encontró una secretaría técnica vacía de nombres y de contenido, sin trabajadores. Luego incorporó como mano derecha a Toni Acosta. Firmó para dos campañas con el objetivo de empezar a construir una plantilla consistente y un proyecto serio para cambiar la dinámica de inestabilidad de la última década.
Indias llegó tarde al Real Zaragoza, con junio ya empezado y una hipoteca muy elevada de gastos fijos en la plantilla. El equipo aragonés venía de firmar una mala temporada con malos jugadores. Demasiados tenían contrato en vigor. El director deportivo estuvo atado de pies y manos en un primer momento pero cuando la SAD hizo espacio físico y salarial ejecutó una revolución importante en número, con un carrusel de contrataciones sobre la bocina del cierre del mercado.
Prácticamente nada le salió bien. Casi todo le salió mal. Así le ha ido al Real Zaragoza, que lleva conviviendo con la amenaza del descenso a Primera RFEF desde hace meses. En la pasada ventana invernal, obligado por una situación clasificatoria terrible y por la concentración de lesiones por la pobre calidad física de la plantilla, el director deportivo realizó otros seis fichajes. Por el medio había tenido que cambiar de entrenador: Gabi le dejó su sitio a Rubén Sellés. Los dos los asumió con calzador.
Cuando solo restan 15 partidos para el final de la Liga, el Real Zaragoza roza una calamidad histórica. Txema Indias es uno de los principales responsables de cómo han sido las cosas: gastó muy mal un límite salarial elevado, con inversiones caras que han sido tiros por la culata como Akouokou o Valery, demasiados futbolistas frágiles físicamente, lejos de sus mejores momentos profesionales, una configuración del ataque nutrida pero sin peso ni argumentos goleadoes, una segunda línea con segundones y pocas apuestas consistentes.
Indias ha estado tutelado en todo momento. El lanterinto de las decisiones en el Real Zaragoza es tremendamente complejo: interviene demasiada gente y la gente más importante lleva escondida desde el aterrizaje de la actual propiedad. Esta es de una de las grandes particularidades con las que el ejecutivo vasco ha tenido que convivir. Él y todos sus predecesores: hay patrones que mandan más que los marineros, especialmente en las decisiones más trascendentales.
A estas alturas, cuando la situación es un desastre de alcance histórico, nadie quiere asumir culpabilidades. En realidad no es extraño. Todo el mundo dentro del Real Zaragoza sabe perfectamente de quién es la responsabilidad última y que esa responsabilidad les trasciende. Hay una 'X'. Aunque nadie lo reconocerá jamás.